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| Foto: Difusión |
Cuatro décadas de trayectoria musical no las alcanza cualquiera. Los Kjarkas lo saben y en estos 14.610 días sumaron diversas anécdotas, que recuerdan entre risas.
UNA CASITA DE ADOBE EN EL ALTIPLANO. Hace 20 años, casi como ahora, el país estaba con bloqueos. El grupo se encontraba en Tupiza y no podía dejar la ciudad por la vía férrea, por lo cual optó por hacerlo en un bus alquilado. “En esas épocas, incluso los buses de transporte interdepartamental no eran tan buenos como ahora”, recuerda Rilver Herbas, representante de los Kjarkas y director de la Fundación homónima.
El bus rompió su eje delantero y los músicos quedaron varados en el altiplano potosino. “Nos acogieron en una casa, donde pudimos ver la realidad del campesino boliviano: casa de adobe, iluminación con una lámpara de querosén, una cama improvisada donde dormían los ocho integrantes de la familia cubiertos con phullus”. Los campesinos compartieron huevos duros y sultana con los artistas.
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| Foto: EL Comercio |
En Japón, Gastón Guardia olvidó su poncho luego de un concierto y cuando estaban ya en la otra sede intentaron pedir que se los mandasen, pero el productor local les dijo que no había problema, pues unos imitadores tenían la misma indumentaria.
“Los Kjarkas no podrán ser reemplazados. Su reinado es desde mediados de los 80 y falta que surja una nueva corriente en la música boliviana”.
Rilver Herbas / FUNDACIÓN KJARKAS
EL RECITAL del VIERNES INCLUYE A DIVERSO Y CHILA JATUN.
Ambas agrupaciones vienen del semillero de los Kjarkas y siguen el estilo que los cochabambinos han impuesto en estas cuatro décadas de trayectoria.
Según Herbas, respetan la línea de evolución natural de la música boliviana, que no puede ni debería enfrascarse, como viene sucediendo sólo en algunos ritmos de mayor alcance comercial. “La historia debe seguir avanzando, y estas agrupaciones de jóvenes son una clara muestra
de aquéllo”, enfatiza
el promotor.Fuente: La Prensa


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