Desde su aparición a finales de los ochenta, el dúo Gaitán Castro renovó la música andina y se convirtió en un fenómeno musical que acabó abruptamente con su separación en el 2000. Ese distanciamiento de más de una década, con peleas mediáticas incluidas, acabó este año, justo cuando cumplen 25 de vida artística. Esta es la crónica del fin de una larga rencilla.
Fueron once años los que Rodolfo y Diosdado Gaitán Castro estuvieron separados y haciendo más profundo su distanciamiento con dardos que se lanzaban cada cierto tiempo. Esta tarde se han reunido en la casa del primero y están sentados uno frente al otro. Hasta el año pasado solo se saludaban si se encontraban por casualidad en algún lugar, pero no habían hecho el esfuerzo necesario para volverse a hablar. Ahora explican con aire relajado que hace tiempo tenían ganas de amistarse, que nadie tiene la vida comprada: no se perdonarían haber mantenido el rencor hasta el día en que uno de ellos ya no estuviera más.
–En verdad, yo sentía la necesidad de abrazar a mi hermano –dice Rodolfo.
–Pero no me has abrazado hasta ahora –replica Diosdado, medio en broma.
–Ahorita te abrazo.
–A ver, pues.
Y se ríen. Ahora la atmósfera entre ambos es distinta. Antes hubiera sido impensable encontrar a Diosdado en la casa de Rodolfo, pero eso ha quedado atrás. Las familias de ambos se visitan, tienen planes como dúo y van a celebrar sus 25 años de vida artística con un concierto de gala el 20 de noviembre en el coliseo Dibós, un lugar icónico para ellos porque fue allí donde en 1994 se convirtieron en el fenómeno musical que renovó el huaino tradicional. Fue el primer dúo de música andina que llenó un escenario tan grande y los primeros que le dieron un toque contemporáneo con guitarras electroacústicas, bajo eléctrico y batería.
“¿Qué tuvo que pasar para que se reconciliaran?”, preguntamos. Rodolfo dice que el sentimiento estaba, pero que el azar jugó a favor de los dos. Un día él se encontraba con unos amigos en un restaurante de Barranco, y alguien le avisó que su hermano estaba afuera, que había hecho un pedido al carro. “También vi pasar a su esposa cerca de mi mesa y la saludé. Ella me dijo que Diosdado estaba en la puerta, que por qué no lo saludaba. Y salí, lo invité a entrar y le dije que le invitaba un vino. Al comienzo no quiso, pero después entró al local”, cuenta Rodolfo. Por fin compartían una reunión en años. “¿Por qué no se juntan como antes?”, comentó un amigo común. “Sí, claro, puede ser un buen proyecto”, dijo Diosdado. Y ahí quedó.
La cita que selló la reconciliación tuvo lugar en enero de este año. Diosdado llegó a una reunión donde estaba su hermano y al momento de saludar a los presentes se dijo mentalmente: “Cómo voy a sentirme incómodo con mi hermano. Vamos a matar esto de una vez”. Y se acercó a Rodolfo y delante de todos dijo que solo iba a estar tranquilo si se amistaba con él. “Propongo que iniciemos un nuevo camino, con amistad y cordialidad, y olvidemos el pasado”. Ese día sellaron el amiste tomándose unas chelas y hablando de música. Días después, Rodolfo le preguntó por qué no hacían una gira de despedida, la que no hicieron cuando se separaron el 2000. Y Diosdado lo sorprendió diciéndole: “por qué una gira de despedida, por qué no una de reconciliación”. Y entonces el proyecto de tocar juntos empezó a andar. Su primer concierto de regreso lo hicieron en abril, en el Mega Plaza del cono norte.
Un cuarto de siglo
La historia musical de Rodolfo y Diosdado Gaitán Castro se inició una noche de 1987, cuando debutaron como dúo en el local El Arco Blanco, de Ayacucho. Tocaron apenas dos canciones, “El olvido” y “Mi amor ha muerto”, del compositor Hugo Almanza. Les gustaba que ambos huainos tuvieran armonías distintas y con letras interesantes. Por entonces escuchaban huainos, pero también rock y música lírica, porque su padre era tenor. “Esa noche después de los aplausos nos dimos cuenta de que podíamos hacer música a nivel profesional. Pero también sabíamos que podíamos hacer algo nuevo, más moderno”, cuenta Diosdado.
Siempre tuvieron una mirada distinta acerca del folklore de su tierra. Cuentan que antes de que ellos aparecieran se hacían conciertos con varios artistas o realizaban lo que se llamaban “recitales” con dos o tres figuras importantes. “Para nuestra primera presentación hicimos afiches poniendo ‘Gaitán Castro en concierto’. Y cantábamos solo nosotros. Era una especie de marketing innato el que hacíamos, tomado de nuestro conocimiento del rock y de cómo esos grupos se presentaban”, cuenta Rodolfo. En un principio usaron ponchos, pero pronto los cambiaron por un par de chalecos andinos. “Llevábamos el folklore en nuestro corazón. No necesitábamos vestirnos de forma tradicional para hacer nuestra música”, recuerda Diosdado.
En 1990 grabaron su primer disco, Elegía, y también ese fue el año que vinieron a Lima. El encontronazo con la realidad fue duro y prolongado: mientras en Ayacucho ya los identificaban, en Lima eran un par de desconocidos. Fueron épocas difíciles, que cambiaron el día que su madre –que los desheredó cuando dejaron la universidad para hacerse artistas– vino a Lima a apoyarlos financieramente. “Ella nos vio en un reportaje que nos hizo Canal 7, el primero de nuestra carrera, y se alegró, pero también se puso triste porque nos vio flacos y ojerosos. Y vino y nos apoyó”, cuenta Rodolfo con una sonrisa.
Dos momentos definen el ascenso de los Gaitán Castro en la música: una serie de diez conciertos que hicieron en 1993 con el grupo boliviano Proyección Kjarkas en el coliseo Dibós, y otro en el mismo lugar con lleno total en 1994. “Contratamos a los Kjarkas y presentamos el concierto como ‘Gaitán Castro versus Proyección Kjarkas’, un mano a mano binacional que nos hizo llenar el Dibós las diez fechas”, comenta Rodolfo. “A pesar del éxito de público al final no ganamos plata, pero sí un nombre”, recuerda Diosdado.
Eso quedó probado en 1994 cuando hicieron un concierto ya solos y las colas daban la vuelta al Dibós. Fue un hito.
A partir de ahí el éxito los acompañó siempre. Creció la banda e incluyeron instrumentos electrónicos, le dieron un toque contemporáneo a su música. Trabajaban de manera profesional: los mejores músicos, equipos de sonidos, juego de luces, un logo para el grupo. Eso explica su acogida en conciertos y festivales, las giras al extranjero (toda Sudamérica, Estados Unidos, varios países de Europa y Asia), y el triunfo a nivel discográfico. Diosdado recuerda que en un Festival de la Cerveza en el Cusco triunfaron al lado de estrellas extranjeras y que muchos fanáticos hasta se desmayaron. “Todo iba bien hasta que el 2000 hubo un cansancio y decidimos que hasta ahí llegábamos. Habíamos pasado demasiado tiempo juntos”, dice Rodolfo. Anunciaron la separación en un concierto en el Parque de las Leyendas. Con el tiempo algunos entredichos entre ellos, en los que tuvo que ver la prensa de farándula, los distanció mucho más.
Desde el 2000 en adelante cada quien siguió una carrera como solista con varios discos en su haber. En 2007 se juntaron para un concierto por el 20º aniversario, pero ni siquiera entonces limaron asperezas.
Recién este año sellaron la nueva vida de su sociedad musical y de su parentesco.
La tarde en que los entrevistamos cuentan que han conversado largo y que han dado vuelta a la página.
Tienen en mente rescatar un disco que dejaron inconcluso cuando se separaron y esperan lanzar un CD con seis temas de cada uno que se llamaría Juntos para siempre. Después se preparan para las fotos y finalmente se dan ese abrazo que, según han dicho, ha tardado once años en llegar.
CONCIERTOS
Además del concierto de gala que los Gaitán Castro preparan para el 20 de noviembre en el Dibós, antes se presentarán en el Centro de Convenciones María Angola el 24 de agosto y en el Centro Cultural Peruano-Japonés el 15 de setiembre, con temas del dúo y de sus producciones como solistas. En ellos cantarán sus éxitos “El Perú nació serrano”, “Amor amor”, “Réquiem para un amor”, “Cómo has hecho”, “Maíz”, “El olvido”, “Adiós amor” y “Ay mi cholita”. Para el 2013 preparan una gira por EEUU y también una presentación en el Estadio Nacional.
Fuente:: La Republica.com

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